El vórtice del cambio cultural

Estamos viviendo un momento VUCA, acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Un término que, aunque de procedencia militar, acuñado por el Army War College (una legendaria institución de instrucción militar de Estados Unidos) para describir la realidad que surgiría con el fin de la Guerra Fría y para la que habría que prepararse, no tardó en ser utilizado por los gurús económicos y de la gestión para referirse a un modelo caótico, turbulento y velozmente cambiante.

Pues bien, de manera más evidente aún, la cultura vive hoy un intenso momento VUCA. El cambio acelerado parece instalado en la otrora tranquila cultura occidental, a la que pertenecemos. Nadie parece estar a salvo, ningún país, ningún modelo cultural, ningún sector, ninguna disciplina. Todos parecen estar bajo la influencia de un huracán, de un vórtice de cambio cultural del que es muy difícil escapar a sus efectos.

Muchos son los intentos de pedir la intervención de los que detentan y ejercen el poder, y supongo que se referirán a los políticos y los gestores públicos, para que hagan algo con el fin de contrarestar el movimiento vertiginoso y caótico de ese vórtice del cambio cultural. Y aunque sea comprensible que se interpele a esa protección, esta iniciativa, esta vez, corre el riesgo de ser tan inútil como lo es lanzar un puñado de páginas manuscritas a modo de conjuro contra el viento de un huracán. Nuestro momento VUCA es real y hay que adaptarse a él.

Suele decirse que el optimismo es contagioso. Y eso con frecuencia nos salva como especie. Pero también el pesimismo lo es y mucho me temo que entre las oleadas de contagios víricos en las que nos hallamos, también estamos expuestos al contagio del pesimismo. El miedo y la incertidumbre movilizan tanto como la alegría y la seguridad. Son opuestos, pero tienen la misma fuerza. Por ello es muy probable que, frente a este momento VUCA los pesimistas crezcan, contagien a gente sana y nos conduzcan hacia otra epidemia, en este caso cultural, de consecuencias todavía más imprevisibles.

Decía Antonio Gramsci: «Soy un pesimista debido a mi inteligencia, pero un optimista debido a mi voluntad». Por tanto, el optimismo es una manera de vivir y de afrontar el presente, que aplica (también) al ámbito de la cultura. Por ello es necesario que, dentro del esquema holístico del sistema cultural, que aquí presento como el “vórtice del cambio cultural”, el pesimismo, la parálisis y la nostalgia queden al margen. Los creadores y los artistas, pero también los gestores culturales, constituimos el engranaje que, como un rodamiento, ayuda a que el cambio fluya, constante, dinámico, estable. Cuando nosotros no acompañamos ese movimiento, el rodamiento deja de funcionar bien, frena el movimiento, se calienta, se resiente y puede provocar roturas y graves problemas. 

Esquema del cambio cultural, factores externos e internos.

La cultura, decía en otros textos, no es lo que nosotros, los trabajadores de la cultura, decidimos que sea, sino lo que la sociedad practica y define como tal. De ahí que los factores externos al propio devenir del sistema cultural impriman movimiento, aceleraciones o frenos a una rueda, a un vórtice que nunca ha dejado de girar y que menos aún ahora, lo dejará de hacer. El pesimismo no puede instalarse en nosotros, los creadores y los gestores, porque nos convertiríamos inmediatamente en una peligrosa resistencia, un freno, a un movimiento o a un cambio que ni tan siquiera nosotros controlamos. 

Conviene inyectar optimismo a esa parte interior del sistema. Los rodamientos han de limpiarse y lubricarse para facilitar la dinámica de giro. Podemos lograr vacunarnos contra el pesimismo, primero asumiendo con humildad el lugar que tenemos en el engranaje, desprendiéndonos de esa aura de autosuficiencia y autoreferenciación, admitiendo mayores cotas de autocrítica y análisis más holísticos y complejos de nuestro sistema cultural. Y después, una vez hecho este ejercicio, podemos comenzar a renovar técnicas y enfoques de creación y de gestión. Algunos y algunas de nosotros ya han comenzado. ¿Te sumas?

(Continuará…)

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