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Fotograma de “Los Juegos del hambre”, película donde se planteaba una distopía futura donde los jóvenes son los protagonistas.

La opinión pública, esa entelequia que, con frecuencia invocamos para hablar de lo que se habla, opina y argumenta en la esfera pública, es con frecuencia un caballo salvaje difícil de domar. Muchos son los intentos de enfocar debates, de proponer nuevos temas, de abrir nuevas vías de reflexión, pero mucha también los las veces que esos intentos se frustran.

Hace días hablaba del incierto futuro cultural de los jóvenes de nuestro país y de la necesidad de orientar el enfoque que sobre jóvenes y políticas culturales solemos hacer. Una reflexión que buscaba sumar la dimensión cultural al esfuerzo que los amigos de Politikon están haciendo para introducir el debate generacional en la opinión pública. Me sumaba con ese texto al llamamiento, que entiendo pertinente y necesario, a atender los problemas de los más jóvenes. Un colectivo que, de una parte y por diferentes razones, se encuentra con menos capacidades para trasladar a las agendas pública y política su problemática y que, por otra parte, suele pasar desapercibido en el diseño e implementación de políticas públicas.

Pero, ¿quiénes son esos jóvenes culturalmente hablando? Déjenme que les muestre algo de la dimensión económica de este colectivo que nos permita complementar el análisis que en el citado texto hice del mismo.

Efectivamente, los jóvenes son unos voraces consumidores culturales. Son el segmento de población que más gasta en cultura. Como también son los que más han incrementado su gasto cultural en el corto tiempo que llevamos de recuperación económica. Algo que no debe parecer tan extraño pues, cuando se es joven, se dispone de mucho más tiempo y curiosidad. Son esos años en los que por formación se consume cultura (libros, soportes de información, etc..) y por disponibilidad de tiempo libre se consumen contenidos, muchos contenidos (musicales, audiovisuales…).

Gasto pvado cultura 15-16

Pero sin embargo, nos hallamos ante la paradoja de que, pese a este incremento estadístico del gasto per cápita de los individuos de este segmento poblacional, también nos hallamos ante un descenso de la renta en su haber y un consecutivo incremento de la pobreza.

 

Estos datos pueden ponernos sobre la pista de algunas hipótesis que nos ayuden a explicar la aparente paradoja:

  1. Que la dualidad laboral y educativa que sufren los jóvenes conduce a una dualidad económica y cultural que diferencia entre integrados económicamente y que participan de pleno en la sociedad digital (culturalmente hablando) por una parte, frente a otros jóvenes empobrecidos que tienen más dificultades para seguir los hábitos de consumo digitales. Esto puede explicar que, pese al empobrecimiento de la cohorte, no obstante, pueda apreciarse un aumento del gasto individual en cultura.
  2. O que nos encontramos sencillamente ante un cambio de patrón de consumo de una generación que, pese a su empobrecimiento general, decide gastar proporcionalmente más en cultura que en otros bienes.

En ambos casos, de momento, estaríamos hablando sólo de hipótesis ya que carecemos de más estudios específicos que nos permitan confirmar una u otra, o las dos, hipótesis. En este sentido, serían de agradecer más trabajos que nos permitan alumbrar este campo de análisis para así salir del campo de la opinión y fundamentar posibles políticas públicas que incidan sobre esa realidad.

Porque, ¿tenemos interés por que los jóvenes adopten, cultiven y desarrollen una cultura con bases más igualitarias, verdad? ¿O seguimos hablando de otros colectivos o grupos de edad culturalmente menos problemáticos que los jóvenes? Yo me juego en el futuro mucho más que en el presente, por eso insisto, los jóvenes…

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