Fotograma de la película "E la nave va" de Federico Fellini, 1983.
Fotograma de la película “E la nave va” de Federico Fellini, 1983.
El Real Instituto Elcano (RIEL) viene elaborando diversos estudios y algunos indicadores que sirven para analizar la presencia/influencia de España a escala global. Uno de ellos, el Índice de Presencia Global (IPG), es un indicador que ordena 80 países de acuerdo a su proyección exterior. Es un índice que se compone de variables muy diversas, tales como la económica, la militar y la que denominan “presencia blanda” (cultura, información, deportes…). Aunque se pueda asociar este indicador a los esfuerzos comunicativos de la tan manida “marca España”, poco tiene que ver con ésta porque metodológicamente persigue un objetivo diferente: ser un instrumento comparativo a nivel global.

Recientemente el RIEL ha publicado un documento de trabajo en el que se analizaba una de las sub-componentes de ese índice: la presencia de España en la prensa internacional y los resultados abren muchas vías de reflexión y análisis. No voy a entrar en una disquisición metodológica en cuanto a qué y cómo se ha seleccionado las fuentes informativas internacionales porque dentro de la complejidad de análisis que este ámbito contiene, los autores del estudio (José Perez Martín y Juan Antonio Sánchez Giménez) han buscado la más objetiva, aglutinadora y operativa para analizar ese impacto internacional.

Fijémonos pues en uno de los datos que salen de ese estudio, el de las noticias de España y cultura segmentadas por las diferentes lenguas seleccionadas, y el resultado es este.

noticias cultura

El gráfico se explica por si solo: influimos esencialmente en español. Una distorsión, en el ámbito de cultura, muy exagerada respecto a la media de todo el estudio de Elcano, donde el 41% de los artículos son en español, 30% en inglés, 11% en francés, 12% alemán, 3% chino y 3% ruso.

Teniendo en cuenta que en esa notoriedad informativa recogida bajo el epígrafe “artes y espectáculos” también se incluye deporte, parece fácil deducir dos cosas: que esencialmente se publica sobre nosotros en toda Iberoamérica y sobre todo, que se atiende a nuestra actualidad deportiva. Un dato que quizá es útil para analizar esa presencia global, pero que nos debe hacer reflexionar sobre nuestra capacidad cultural a nivel global.

Vivir en una realidad cultural y mediática propia, la española, la catalana, la vasca, la andaluza… nos puede llevar a una distorsión: creer que fuera se habla y se reconoce lo mismo. Y sin embargo eso no es así. Podemos admitir que existen muchos otros canales, algunos más discretos, otros profesionales, que sí que dan salida informativa a nuestro tejido cultural, pero el alcance, como “industria cultural” y con capacidad de generar riqueza es muchísimo más reducido. Influir, tan solo podemos afirmar que influimos en Iberoamérica, y si lo hacemos, es con los deportes. De cultura, poca, o al menos poco hablan de ella ahí fuera.

Todos conocemos la influencia cultural que Francia o Reino Unido ejercen sobre nosotros. Leemos y escuchamos múltiples referencias artísticas y culturales que nos condicionan nuestros gustos, nuestros deseos y también nuestra imagen de esos países. Sin embargo, a juzgar por este estudio, a nosotros nos cuesta mucho más hacer ese trabajo.

Aquí hemos argumentado muchas veces que parte de nuestro fracaso exterior puede tener que ver con la estructura de los medios de producción cultural internos, ya sean los de la denominada industria cultural, como los meramente artísticos. Hemos sostenido que lo artístico es algo de lo que nadie, ni instituciones públicas, ni Administraciones, ni tampoco en muchos casos el público, se preocupa. Estamos instalados en un sistema productivo de cultura muy intestino, pequeñito y de escala local. Un indicador de ello es lo que acabamos de ver. Y sin embargo, las políticas de ayuda a la difusión internacional, desde la ACE (Acción Cultural Española) y el Cervantes a los múltiples institutos o agencias autonómicos, están desconectados de las políticas de estímulo y ayuda a la producción. Mientras el beneficio sea individualizable, el beneficio común, el colectivo se mantendrá como secundario. Y así los días, e la (non) nave va.

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