Foto 24-05-13 15 24 01Si me dieran alguna compensación por el número, el tamaño o la variedad en el diseño de las acreditaciones profesionales que tengo colgadas en mi estudio, quizá conseguiría un buen pellizco. Esas acreditaciones son, sin duda, el resumen visual de una vida profesional. Por eso decidí ponerlas como frontispicio de este blog. Dime qué acreditaciones tienes y te diré qué perfil (profesional) tienes, debería decirse.

 

En los próximos días acumularé una acreditación más pues asistiré al Movs 2014 en Bilbao, un foro profesional sobre la danza. Tengo dudas de que mi análisis, mi criterio y mis inquietudes interesen hoy al mundo de la danza de este país. Pero me gustaría, con este texto aportar por adelantado algunos de los ejes de discusión sobre los que creo que podrían discurrir las discusiones, estructurar las propuestas y desprejuiciar los debates.

 

De entrada resulta paradójico que pese a que los años pasan (y ya van décadas desde que la danza contemporánea empezó a exigir una política cultural específica) los ejes temáticos en los que el sector articula su debate son exactamente los mismos, eso sí, con cambio de palabras (que no semántico):

  • Financiación, aunque ahora se llame “interinstitucionalidad”.
  • Difusión, aunque aquí se llame “plataforma”.
  • Producción, también denominada como “prácticas artísticas”.

La nomenclatura cambia, los enfoques también, pero los ejes permanecen, siempre son los mismos. Movs, como espacio de reflexión lleva desde 2007 intentando llenar de contenidos esos ejes, pero siempre con esa sensación frustrante de hacer una labor un poco en balde. Pese al intento de los profesionales por hacer evolucionar el debate, siempre nos encontramos con una tozuda realidad: un sector desestructurado, precarizado, polarizado y poco cohesionado que no ha conseguido asentar con el tiempo las bases de un desarrollo orgánico y estructurado. Es decir, que por mucho que artistas o intelectuales quieran reactualizar el debate siempre se encuentran con la dolorosa sensación de que poco o nada se avanza.

 

Es verdad eso? Se avanza? Es tan solo una sensación?

No puedo responder categóricamente, pero sí exponer matices y ampliar el punto de mira. El sector de la danza, como el de las artes escénicas en general, han perdido mucho terreno, más que otras disciplinas. El propio anuario de la SGAE, si nos sirve como dato, en su edición publicada el año pasado, arrojaba el dato de que la danza era la disciplina escénica que porcentualmente entre 2008 y 2012 más público perdía (34,5 %) y que más había caído la recaudación (44,1 %). Léanse el anuario y caerán ustedes mismos en la desazón en la que ya está sumido medio sector de la danza.

Si a ese dato de coyuntura de los últimos años, sin duda agravado en el ejercicio 2013, añadimos, además los problemas estructurales nunca resueltos del sector de la danza (desfase en los programas de formación, problemas en la difusión de obra, escasa profesionalización, desiguales y arbitrarias condiciones de producción, dudosa sostenibilidad económica de los proyectos, deficiente estructuración sectorial, etc) estamos ante la tormenta perfecta para provocar, desánimo, depresiones e inmovilidad.

Súmenle al final el contexto histórico por el que los sectores culturales en España siempre han sufrido de unas torpes, tímidas o incluso inexistentes políticas públicas; de una arbitraria y desestructurada financiación; y de una fallida conexión con el público, tanto en lo artístico, como en lo cultural. Eso les ha llevado a desarrollar un concepto de si mismos como de “resistentes” frente a la adversidad, de “proteccionistas” de lo conseguido y de “aturdidos” ante lo perdido.

Se puede escapar de esa situación?

De entrada lo que expongo no son recetas, sino como explicaba al inicio, líneas de reflexión que quiero que sean útiles en los debates y las propuestas de construcción:

  1. Lo más urgente es afinar aún más en el análisis de lo ocurrido para poder entonces elaborar un programa, unas propuestas de futuro. Y para hacer bien el análisis hay que enfrentarse con valentía ante los propios fantasmas de autopercepción. El sector de la danza no puede estar viendo siempre enemigos externos (los políticos, los programadores culturales, el público…), porque con esa obsesión no ve que sus problemas son esencialmente internos. Habría que hablar de la obsolescencia tanto artística como de gestión, las soluciones del futuro no vendrán de aquellos que llevan 30 años atrapados en su propia supervivencia; Habría que hablar también de formación de profesionales, de estructuración del sector, de pluralidad de estilos; Habrá que hablar de la rearticulación de necesidades y de agentes; Quizá sea el momento de hablar de retiros, de reemplazos y de reestructurar el número de creadores a las necesidades asumibles por la sociedad; Habrá que abordar el tema de la sostenibilidad y viabilidad de proyectos, de su incardinación en el territorio y en la sociedad… Fijémonos en Flandes y en la reestructuración profesional y artística que han llevado en los últimos años.
  1. Por otra parte se hace cada vez más necesario un verdadero debate sobre el rol de la institución, en particular la pública, que es la que debe velar por el interés general de una política cultural. No es soportable la perversión con la que las instituciones públicas tratan últimamente cualquier sector cultural. Tomemos como ejemplo este de la danza. La concentración de las decisiones (presupuestarias y artísticas) que la institución pública está provocando es nocivo y contraproducente para el sector. Que instituciones como el Mercat de les Flors (en Barcelona) o el Festival Madrid en Danza, por ejemplo, concentren cada vez más capacidad de decisión e influencia burocratiza la creatividad al colocarla al servicio dócil de una institución de la que depende sin opción. Hay que fragmentar urgentemente estos centros! No hay mejor plataforma de difusión, o mejores condiciones de producción, que la misma diversificación y fortalecimiento de una red de productores/difusores. La concentración de la decisión está esterilizando el desarrollo de un futuro tejido artístico.
  1. Por último, aunque no menos importante, necesitamos hacer una lectura crítica de lo artístico. No podemos seguir hablando de las disciplinas artísticas como lo veníamos haciendo antes. Hay que mirar con gran angular para percibir como se ha redibujado el tejido artístico, tras los últimos y profundos cambios culturales. Yo vengo señalando que concebir lo cultural sin lo artístico, y lo artístico sin pensar en lo cultural, en ambos casos sería un error. Pues hay que ponerse con ello. No renovaremos públicos si no renovamos lo artístico. Y con renovar lo artístico no quiero decir que hay una danza que tiene que morir para que emerja otra, por ejemplo, sino sobre todo quiero decir que la creación hay que desprejuiciarla. Inventemos espacios para la hibridación, para la confluencia con las tecnologías, sinestesias en la programación, políticas públicas que acompañen este flujo nuevo.

Ninguno de estos temas es fácil de abordar, ni tan siquiera accesible para todos los niveles de profesionales. Pero sin embargo sí que creo que hay que perder el miedo y los tabús a abordar ciertos temas. Por eso, foros como el Movs pueden ser interesantes. Sólo si conseguimos que irrumpa aire fresco en el pensamiento, conseguiremos insuflar algo de optimismo y con algo de buena suerte cambiar la realidad. Y sólo si comenzamos a estructurar nuestros debates, conseguiremos solidariamente, estructurar nuestros sectores a medio plazo. No hay amenazantes monstruos en nuestras pequeñas habitaciones profesionales. Somos nosotros quienes las habitamos, y por consiguiente quienes las limpiamos y las ordenamos. Se trata entonces de eso, de asumir la responsabilidad.

 

David Márquez Martín de La Leona

 

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