Hace ya años que se reclama y casi tantos que se anuncia una nueva ley de mecenazgo. Y parece que, por fin, el actual Gobierno del Partido Popular, hace de esta ley su principal propuesta legislativa en materia de cultura. Pero la legislatura está a punto de cruzar su ecuador y el nuevo texto legislativo ni está, ni se le espera, y si llega será de sopetón. Permítanme explicarles porqué.

Como el Gobierno hizo de este proyecto legislativo el más importante en el área de cultura, cabría entender que al cabo de casi dos años de trabajo tendría algún texto que proponer. Pues a día de hoy, mediados de octubre 2013, aún no hay ningún texto público, o al menos no lo he podido conseguir (y he solicitado la información allá donde debería estar: gabinete Secretaría Estado de Cultura y Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados). Sigan en este dossier de El País el sainete de la ley: sus anunciados plazos, los anhelos sectoriales, las súplicas institucionales, y verán también el papel de su actual principal mentor, el Secretario de Cultura, José-María Lassalle, ejerciendo de Moises; y es que a este Gran Mentor le falta aún subir al Sinaí, encontrarse con Hacienda y los servicios jurídicos del Gobierno, bajar con el pdf de la ley, identificar a sus seguidores de las Cámaras y liderar a su pueblo, a los maltratados sectores culturales, por el desierto hacia la tierra prometida.

Me perdonarán la imagen, pero no veo otra más pertinente que ésta para reflejar la situación actual.

Mi objetivo con este texto no es sólo reclamar que no haya más dilación en la presentación del proyecto de ley sobre mecenazgo, sino reinvindicar también debate y reflexión entorno a la futura norma porque nos van muchos intereses en ello. No podemos dejar que la futura ley de mecenazgo sea cocinada en secretas e inaccesibles cocinas de Moncloa; la tenemos que sacar a la plaza del Rey (sede de la Secretaría de Cultura). Y a ser posible, allá donde haya capacidad y voluntad de discutirla. Un buen proyecto de ley se elabora con tiempo, pero ante todo se hace contando con estudios, con libros blancos, con la opinión del sector. Mucho me temo que nada de esto se está haciendo con la amplitud que requiere esta norma. La opacidad y la retirada del proceso de elaboración de algunos profesionales, metodólogos y especialistas no nos vislumbra buenas expectativas.

 

Por qué la ley de mecenazgo requiere un amplio debate previo?

Porque se tienen que desvelar todos los intereses que hay en juego!

No es casualidad que la mayoría de las conferencias y los movimientos más organizados reclamando la ley vengan de los sectores más institucionalizados como este de la Fundación Arte y Mecenazgo liderado por un Leopoldo Rodés (!) tan identificado con una visión de la relación dinero-cultura; o este otro, tan claro y sintético que se propone desde la Asociación Española de Fundaciones.  Estos sectores, las industrias culturales y las fundaciones, ya saben lo que se traen entre manos con esta nueva ley. Sin embargo todavía falta identificar los intereses de los pequeños agentes de la cultura: artistas, autores y sus pequeñas estructuras. Ellos también necesitan participar en la preparación de esta ley porque ellos son los que también tienen su futuro, en cierta medida, vinculado a una benigna redacción de la ley. Y es que hay debate por hacer, déjenme proponer:

  • Diferenciar mecenazgo de patrocinio. No es lo mismo dar sin nada a cambio, que exigiendo imagen u otras prebendas.
  • Cómo corregir la distorsión del mercado: un buen proyecto artístico no siempre es identificado por un, también, buen mecenas.
  • Qué garantías ofrece la ley a los pequeños (artistas y autores) para acceder a la búsqueda de ese necesitado mecenas?
  • Se podría hablar de cambios en el régimen de entidades jurídicas en las que se tienen que organizar artistas y autores: por qué han de ser SL o Asociaciones sin ánimo de lucro? No podría aprovecharse esta ocasión para proponer fórmulas intermedias (no recaudatorias de IVA, por ejemplo)?
  • Qué relación se establece entre el mecenazgo y el acceso a las diferentes líneas de subvenciones de la Administración? Se establecerán incompatibilidades o exclusiones?
  • Habrá alguna limitación específica para la cultura o se incluirán en esta ley otros sectores como deportes u ONGs.
  • Etc.

 

En definitiva, la bien deseada ley de mecenazgo, supongamos en proceso de elaboración, puede no ser la que algunos sectores de la cultura reclamaban hace algunos años. Hoy, esa ley, insisto, tan esperada, tiene depositadas en ella todo tipo de expectativas que corren el riesgo de no ser satisfechas. La interpretación que en estos momentos ha de hacerse en la ley ha de ser generosa y abierta, para atender el mayor número de intereses: no sólo los de grandes instituciones y fundaciones.

Fijarse en modelos de patrocinio y mecenazgo homologables, como el caso francés, puede servirnos de gran ayuda. Y reclamo aquí el caso francés porque generalmente nuestras élites, en este tema en particular, tienden a mirar al mundo anglosajón, concretamente al Reino Unido y EEUU, imaginando  un trasplante en España de lo que ven en aquellos contextos. Sin embargo esas propuestas desatienden intencionadamente la tradición y la orientación del sistema cultural español, que pese a lo que nos pese, tiene más concomitancias con Francia que con las Islas Británicas. Francia está celebrando los 10 años de aprobación de su Ley de Mecenazgo y lo hace analizando su recorrido, los éxitos y los fracasos. Recomiendo la visita al enlace a documentación y textos jurídicos en lo que sí es un ejercicio de transparencia administrativa (todavía no ejercido respecto al mismo tema en nuestra propia casa).

Por estas razones considero muy necesaria la involucración, aunque sea tarde, de todos aquellos agentes culturales que todavía no se han activado. Por una parte,  los gestores culturales y analistas de la economía de la cultura a quienes se les exigiría la programación de debates que permitan familiarizarnos con los conceptos que manejará la deseada ley de mecenazgo y, sobre todo, ayudar a identificar y agregar los intereses en juego. Y por supuesto, por otra parte, al Gobierno, en todas las diferentes áreas que estén trabajando este tema, se les exigiría mayor transparencia y permeabilidad con los sectores de la cultura para elaborar, aunque tarde, la mejor norma posible en estos tiempos de dificultad y dureza.

En relación a esta ley de mecenazgo, tanto los responsables políticos, de uno u otro color, como los diferentes sectores culturales, todos afectados por los “extraños sucesos” de la caída de los recursos disponibles, parecen estar esperando al “Ángel Exterminador”. Parecen/mos esos burgueses decadentes de la película de Buñuel. Todos nosotros disolutos en nuestras estériles conversaciones, padeciendo extraños sucesos, desprendiéndonos cada vez más de la noción del tiempo, pero todos, todos, atónitos, noqueados, esperando la inminente irrupción de una providencia que nos “salvará” a todos. Los que hayáis visto la película, ya conocéis el final. A los que no, no os la desvelaré.

David Márquez Martín de la Leona.

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